jueves, 26 de noviembre de 2009

Yo mismo (relato rápido - ficción)

Y un día dejé de utilizar gafas o su versión más cómoda, las lentes de contacto. Decidí ver como mis ojos quisieran ver, como me habían tocado naturalmente vivir sus desgastes, sin artificios, solo abrir los ojos y ver lo que había.
No estoy ciego, quizá tenga algo como cuatro de miopía en cada ojo; para el que vea bien y no entienda de números de visión, explico: veo el autobús cuando se aproxima pero no puedo leer el número hasta que no esté casi encima. Solo veo un terrible animal mecánico que justo cuando viene a por mi, frena. Y allí mismo, en ese pequeño instante tengo que decidir si es el que me lleva a donde voy, o no.
Puedo ver de cerca, puedo leer y ver la comida que como sin necesidad de anteojos. Puedo ver la carita de mi hijo cuando lo acerco a mi para besarlo.
Pero de lejos todo es confuso, irreal y en cierta medida, mágico.
Tomé esta decisión ya cansado de la nitidez y de los detalles de las cosas. Desde mi segundo piso interior, cuando fumaba un cigarrillo en el balcón, solo veía paredes sucias, descorchadas y rotas, esqueletos de antenas en desuso y chimeneas monumentales inútiles. Un conjunto de formas grises que solo aportaban fealdad a mi momento de relax.
Ese momento fue el que me hizo cambiar.
Ahora, entre el humo del cigarro, entre la nebulosa blanquecina y el amorfismo de los elementos, veo desde mi ventana formas sinuosas y redondeadas, las entrañas sin pintura de las paredes ya no son una desprolijidad, ahora se asemejan a algún cuadro de, por ejemplo, Miró. Los aviones del cielo dejaron de ser máquinas para transformarse en alguna clase de pájaro de día o en una débil luciérnaga de noche.
Los patios interiores junto a su ropa colgada, me muestran un paisaje extraño, anodino, indescifrable, donde las prendas se asemejan a gente bailando por el viento.
La vida es mejor así. Sin cosas claras. Lo malo se define bien, se ve bien, en cambio puedo seguir sintiendo lo bueno, olerlo, oírlo, saborearlo, tocarlo incluso, percibirlo de una forma vaga pero segura. Nada tiene que ver la seguridad con no ver los detalles.
Con los años aprendí que los detalles no son importantes sino la esencia es lo que nos lleva a comprender las cosas, la materia primaria, el corazón.
Ya no me importa ver quién lleva la pelota durante un partido de fútbol, ya no. Me conformo con sentir el calor de los espectadores y sus emociones.
Ya no necesito ver a un amigo acercarse a cien metros, me alcanza con encontrármelo casi chocándolo, transformando una encuentro pactado en una pequeña sorpresa.
Ya no quiero ver los escaparates de las tiendas al otro lado de la calle, con las cosas que están de mi lado, ya me alcanza.
Me gusta la sensación incómoda de no saber a ciencia cierta que tengo a unos pasos de mi, prefiero imaginármelo y soñar con formas que realmente no existen.
Siento que entre toda esa bruma yo vuelo, floto, me deslizo por las calles.
En esa bruma, el único que sobresale, soy yo mismo

9 comentarios:

William Scholl dijo...

Cómo lo entiendo. Pero yo nunca tuve la valentía o el ingenio de aceptar lo que la naturaleza dispuso para mi vista. Mi historial oftalmológico incluye anteojos, lentes de contacto, cirugía refractiva de córnea, y una flamante operación de cataratas, que posiblemente tenga que complementar nuevamente con una lente de contacto. Me parece que es mucho más sabia su decisión.
Un abrazo desde Buenos Aires
William Scholl

Cucho Cruz (Edgardo Cruz Larenas) dijo...

bien ... veamos las cosas con ojos profundos, botemos los anteojos y miremos la realidad con ojos puros de inocencia propia.
Me parece una sabia y gran decisi'on .....
sabio relato
Un abrazo
Cucho

sgm dijo...

Muy bueno, de verdad.
Me ha gustado mucho.

Ronald Adolfo Orellana. dijo...

Me sentí identificado con este relato.

Saludos!!!!!!!!!!!!!!

Txolarte dijo...

He dudado, si llamar a la puerta después de tanto tiempo.
Conocí a Claudio Nadie hace muchos años, pero no supe de su adiós hasta la pasada tarde.
Creo, que conseguir que el destino ría y sea feliz con nosotros, es una práctica que Claudio de buen grado aceptaría, por eso no quiero renovar la tristeza, solo quiero volver a iluminar su presencia.
Un saludo desde Euskadi y un agradable recuerdo.
Angel Güemes

Buscas Libros.com dijo...

Hola, perdón por escribirte por este medio, somos una red de librerías de usados www.buscaslibros.com y estamos recopilando información sobre blogs literarios para publicarlos en nuestra página. Ya hemos registrado tu blog para compartirlo con nuestros usuarios dentro de poco. Saludos y si buscas libros agotados, raros, etc, te esperamos por allá!

Lia dijo...

Yo solia cerrar los ojos y mirar hacia la luz para crear formas en la oscuridad, me divertia imaginando, tambien solia mirar el cielo y buscarle formas a las nubes. El relato me parecio interesante el hecho de no saber que viene me parecio divertido

Basta Fuerte dijo...

Muy bueno el blog, te dejo el mio

http://basta-fuerte-radio.blogspot.com/

Nos leemos, saludos.

Anónimo dijo...

Vos sabés bien que siempre use lentes! a mi me encantan y si pudiera tendria unos cuantos más con diferentes formas y colores.
Una vez me pasó que me cambiaron la graduación de los lentes y upps!, cuando volví a casa ví toda la casa sucia!!!!!.
( pensar que así limpiaba siempre) y para mi quedaba bien.
Ni te digo cuando me vi los pelos que tenia en la cara!, me tenia que depilar urgente!.

O la celulitis! o las estrias!. Por suerte igual otras cosas tan agradables como las fotos de mis sobrinos, se veian con mas detallitos que se me escapaban, un oyuelo, una peca, o un gesto que se veia con mas brillo.

besos
marie